CRÓNICA DE SITGES 2026: el fantástico entre la violencia del presente, los nuevos autores y la memoria del género
La 59.ª edición del SITGES - Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, celebrada del 8 al 18 de octubre de 2026, ha vuelto a convertir la localidad costera en un punto de encuentro imprescindible para quienes entienden el cine fantástico como algo más que una sucesión de sustos, criaturas y pesadillas. Durante once días, el certamen ha reunido terror, ciencia ficción, thriller, animación y propuestas inclasificables, combinando el descubrimiento de nuevas voces con la reivindicación de figuras esenciales de la historia del género. El resultado dibuja un panorama especialmente atento a las tensiones sociales, la fragilidad de los cuerpos, los miedos contemporáneos y la necesidad de mantener vivo el legado de un cine que nunca ha dejado de explorar los rincones más incómodos de la experiencia humana.
La programación de este año ha vuelto a moverse entre dos impulsos complementarios. Por un lado, el reconocimiento de cineastas e intérpretes que han contribuido a construir el imaginario fantástico de varias generaciones; por otro, la voluntad de abrir las puertas a nuevas miradas que utilizan los códigos del género para hablar de cuestiones muy presentes en nuestro tiempo. La edición ha encontrado buena parte de su personalidad en esa convivencia: la memoria de los clásicos no ha funcionado como una simple operación nostálgica, sino como un diálogo con las películas que hoy buscan ampliar los límites del terror y la ciencia ficción.
Un festival que mira al presente sin olvidar su historia
La inauguración ha tenido acento español con Found Alive , el nuevo trabajo de Carlota Pereda, que ha abierto una edición marcada por la presencia de cineastas nacionales y por la diversidad de registros. La directora, que ya había demostrado su capacidad para acercarse a la violencia y a las zonas más perturbadoras de la realidad, ha regresado a un festival especialmente importante en su trayectoria. La sesión inaugural ha servido también para poner de relieve el trabajo de los equipos creativos que sostienen el cine de género desde distintos frentes, incluido el impulso a nuevos talentos a través de iniciativas como The Dream Makers, vinculada a CUPRA, la ESCAC y la Berlinale.
A lo largo de la programación, el fantástico español ha mostrado su capacidad para desplazarse entre el terror más directo, la ciencia ficción especulativa y el thriller psicológico. No se trata únicamente de incorporar elementos sobrenaturales o escenarios extraordinarios, sino de emplearlos para abordar conflictos reconocibles: el miedo a perder a quienes queremos, la dificultad de comunicarnos, la soledad, la presión social o la sensación de vivir atrapados en sistemas que reducen la existencia a una sucesión de obligaciones.
En este contexto, la presencia de El exterior , de Víctor Moreno, ha destacado por su aproximación íntima y contemplativa a la ciencia ficción. El director canario, conocido por su trabajo documental y por la experiencia sensorial de La ciudad oculta , propone una historia ambientada en un simulacro de misión a Marte. Ana, una exploradora espacial confinada en una base de entrenamiento situada en un paisaje desolado, se encuentra con una misteriosa pastora con la que no consigue comunicarse. La premisa abre un territorio que se aleja de la ciencia ficción dominada por la espectacularidad para adentrarse en la incomunicación, la relación con la naturaleza y la posibilidad de que lo desconocido transforme nuestra percepción de la realidad.
Rodada en Fuerteventura, El exterior evoca un horizonte cinematográfico donde pueden convivir la dimensión espiritual de Andrei Tarkovski, la especulación filosófica de Stanisław Lem y una sensibilidad musical de resonancias psicodélicas. La película parte de un entorno aparentemente controlado, concebido para dominar y domesticar la naturaleza, pero poco a poco se interna en un espacio menos racional, en el que las explicaciones convencionales pierden consistencia. Su presencia en Sitges confirma que la ciencia ficción puede seguir siendo un terreno fértil para la experimentación formal y la reflexión existencial.
También ha llamado la atención The End of It , debut como directora y guionista de Maria Martínez Bayona. Coproducida entre España, Noruega e Inglaterra, la película plantea una distopía en la que el envejecimiento puede detenerse y la muerte se convierte en una opción accesible para las clases adineradas. Rebecca Hall interpreta a una joyera de lujo que, consumida por la apatía, decide programar su propia muerte, una decisión que afecta profundamente a su marido y a su hija, encarnados por Gael García Bernal y Noomi Rapace. Bajo su apariencia de drama futurista, la propuesta reflexiona sobre la mortalidad, el privilegio económico y la dificultad de encontrar sentido a una existencia de la que se ha eliminado uno de sus límites fundamentales.
La película se acerca a las inquietudes de la ciencia ficción especulativa contemporánea, aquella que no necesita construir universos completamente ajenos para interrogar el presente. La posibilidad de aplazar indefinidamente la muerte no aparece como una promesa inequívoca de progreso, sino como una fuente de nuevas desigualdades y dilemas. En una cinematografía española donde este género no siempre encuentra el espacio que merece, la propuesta de Martínez Bayona representa una aportación significativa por su voluntad de abordar cuestiones trascendentales desde una perspectiva poética y personal.
El terror nacional también ha encontrado un espacio destacado en Upiro , de Óscar Martín. Ambientada en la España del siglo XVIII, la película se inspira en el primer caso de vampirismo registrado en la península por la Iglesia católica. Una joven de familia acomodada es enviada a un monasterio de clausura donde varias novicias padecen una extraña enfermedad relacionada con la sangre. El relato combina el drama de época con el horror religioso y una sensibilidad cercana a la serie B, apoyándose en una ambientación que constituye uno de sus principales atractivos.
La dirección artística y la fotografía de Alberto Morago contribuyen a construir un universo gótico de espacios sombríos, iluminación minuciosa y presencia física de las localizaciones. El rodaje en lugares como la basílica de La Seu de Manresa y el monasterio de Sant Pere de Casserres refuerza esa conexión entre el paisaje histórico y lo sobrenatural. El reparto, con Diego Anido como un fraile de métodos poco ortodoxos y Javier Botet encarnando a una criatura definida por el instinto, sostiene una propuesta que recupera el vampirismo desde sus raíces religiosas y supersticiosas.
En otro registro, las primas Clàudia y Paula Serra han presentado 11 , su debut en el largometraje. Ocho niños y dos monitores quedan atrapados en un refugio pirenaico después de que una tormenta de nieve bloquee los accesos. Sin electricidad, agua ni comunicación con el exterior, el grupo intenta resistir hasta que alguien advierte que quizá haya un niño más del que debería. La situación, aparentemente sencilla, convierte la convivencia en un mecanismo de tensión y aprovecha el aislamiento para explorar la desconfianza y el miedo a lo que no puede explicarse.
Las directoras han trasladado al relato elementos de su experiencia con el universo de los grupos infantiles de convivencia, enfrentándolos a las convenciones del cine de terror. Las condiciones físicas del rodaje, con localizaciones en Andorra y temperaturas bajo cero, acompañan una historia que encuentra referencias en la atmósfera de El resplandor , la desesperación de Seven y el sentido de la intriga de The Innocents . Su llegada a Sitges supone otra muestra del relevo generacional que el festival continúa favoreciendo.
A esa variedad se suma 5 minutos más , de Javier Ruiz Caldera, una película de bucles temporales protagonizada por Belén Cuesta, Javier Cámara y Berto Romero, también coguionista. La historia parte de una pareja que pasa un fin de semana en una casa rural aislada y queda atrapada en una situación que se repite. Su principal desafío formal consiste en articular un plano secuencia de cinco minutos que vuelve una y otra vez, una decisión que exige una coordinación técnica precisa entre cámara, sonido, arte y producción. El mecanismo fantástico se transforma así en una prisión temporal y espacial, pero también en una metáfora de las rutinas y los bloqueos que condicionan la vida contemporánea.
La diversidad de estas producciones permite observar una escena española que no se limita a reproducir fórmulas internacionales. Conviven el vampirismo de época, el terror de supervivencia, la ciencia ficción existencial y los juegos narrativos con el tiempo. El género aparece como una herramienta flexible, capaz de acomodar sensibilidades muy distintas y de ofrecer a los cineastas un espacio para experimentar con la puesta en escena, la atmósfera y las estructuras narrativas.
El terror como espejo de una sociedad al límite
Si hay una película que resume con especial claridad una de las líneas más incisivas de esta edición, esa es Sanguine , de Marion Le Corroller, ganadora del premio a la mejor película de la Sección Oficial Fantàstic. Su propuesta traslada el horror a un servicio de urgencias francés sometido a una presión extrema. Una residente exhausta, interpretada por Mara Taquin, debe atender a pacientes que presentan síntomas inusuales mientras el propio sistema sanitario parece funcionar al borde del colapso.
Le Corroller se aproxima al body horror desde una perspectiva social y política. El cuerpo no es únicamente el territorio de la transformación monstruosa, sino el lugar donde se manifiestan las consecuencias de un entorno laboral que exige productividad incluso cuando las personas han llegado al límite de sus fuerzas. La directora ha relacionado la película con su propia experiencia en el sector financiero y con la contradicción de unos hospitales concebidos para cuidar que terminan sometidos a una lógica de eficiencia empresarial.
La conexión con la tradición del New French Extremity resulta pertinente por su voluntad de utilizar la violencia física y la incomodidad para expresar conflictos que el drama convencional quizá no podría formular con la misma contundencia. En Sanguine , el terror no representa una evasión de la realidad, sino una forma de atravesarla. Su reconocimiento en Sitges señala la vigencia de un cine de género que no teme incomodar y que encuentra en la degradación física una imagen de las presiones invisibles que gobiernan la vida cotidiana.
La película también se inscribe en una conversación contemporánea sobre la representación del cuerpo femenino. Frente a una tradición que a menudo lo ha convertido en objeto de contemplación, Le Corroller lo presenta como un espacio de resistencia y de expresión. El resultado conecta con una de las tendencias más interesantes del terror reciente: la recuperación del género como herramienta para cuestionar las estructuras de poder, las relaciones laborales y los modelos sociales que normalizan el agotamiento.
Esa voluntad de mezclar el horror con la sátira aparece en Buddy , de Casper Kelly, que ha obtenido el premio al mejor guion junto a Jamie King. Su punto de partida es un unicornio naranja de peluche con un corazón en el pecho, una criatura que subvierte la iconografía amable de los programas infantiles. El contraste entre una apariencia diseñada para tranquilizar y una violencia que desborda cualquier expectativa permite a la película retorcer los códigos de la televisión para niños y convertirlos en una pesadilla grotesca.
El humor negro también vertebra Drag , de Greg Yagolnitzer y Raviv Ullman, distinguida con el Premio Especial del Jurado. Lo que comienza como un intento de robo en una vivienda deriva en un juego del escondite cada vez más extravagante. La participación de Danny DeVito como productor, junto a sus hijos Jake y Lucy DeVito, refuerza el carácter lúdico de una comedia de terror que parece retorcer el modelo de Solo en casa hasta conducirlo hacia terrenos mucho más siniestros.
En Ghost in the Cell , Joko Anwar convierte una prisión en un infierno donde los ataques de una fuerza invisible desencadenan un recorrido frenético por el terror y la comedia negra. El cineasta indonesio se ha llevado el premio a la mejor dirección y confirma la vitalidad de una cinematografía que lleva años ampliando su presencia internacional mediante propuestas físicas, desatadas y poco interesadas en domesticar sus excesos. El premio del jurado joven a esta misma película, bajo el título Fantasma en la celda , añade otro reconocimiento a una de las obras más destacadas del certamen.
El thriller también ha tenido representantes de gran interés. The Spiral , de Paolo Strippoli, se ha llevado el premio a la mejor interpretación femenina para Jasmine Trinca, gracias a una tragedia fáustica que retrata una comunidad fracturada. La actriz sostiene una propuesta sombría en la que las tensiones colectivas adquieren una dimensión casi sobrenatural. La película ha obtenido además el Méliès de Plata a la mejor película fantástica, reforzando su presencia en el palmarés.
Por su parte, Historias de la noche (The Birthday Party) , de Léa Mysius, ha otorgado a Benoît Magimel el premio a la mejor interpretación masculina. Lejos de los mecanismos más previsibles del subgénero de invasión doméstica, la película construye una inquietud progresiva en una zona pantanosa y remota. Mysius, que ya había pasado por Sitges con Los cinco diablos , vuelve a demostrar su interés por los espacios familiares y sociales en los que algo aparentemente cotidiano comienza a revelar una dimensión perturbadora.
Otra de las propuestas que han destacado en la Sección Oficial ha sido MUTTER: The Diary of a Mother , de Alphan Eseli. La película turca sigue a una joven, interpretada por Hazar Ergüçlü, que debe enfrentarse al amor y al rechazo hacia su hijo recién nacido, una criatura insaciable que transforma la maternidad en una experiencia de duelo y soledad. El relato amplía el territorio del horror hacia un conflicto íntimo y visceral, y confirma que el género sigue encontrando nuevas formas de abordar la maternidad, la dependencia y el miedo a aquello que debería resultar familiar.
El terror queer ha aportado otra sensibilidad con No Rest for the Wicked , de Kasper Kalle, ambientada en las islas Feroe. La película explora la relación prohibida entre un marinero y un pescador, interpretados por Egor Venned y Pilou Asbæk, en una historia que aproxima el deseo a la frontera entre la vida y la muerte. Su dimensión romántica y necrófila introduce un matiz diferente dentro de una programación que ha mostrado interés por las identidades, los afectos y las formas de amor que desafían las convenciones.
En el terreno del fantástico de vocación más extravagante, I Love Boosters , de Boots Riley, ha presentado una mirada satírica sobre la precariedad y el capitalismo. Integrada en Noves Visions, la película combina un imaginario visual colorista con una crítica social que encuentra en el absurdo una forma de expresar la violencia económica. La participación de Demi Moore añade un atractivo más a una propuesta que demuestra hasta qué punto el fantástico puede servir como vehículo para la comedia política.
La ciencia ficción apocalíptica y el regreso de los grandes nombres
Uno de los acontecimientos más esperados de la edición ha sido la presentación de Hope , el nuevo trabajo de Na Hong-jin. El director coreano, responsable de The Chaser , The Yellow Sea y El extraño , ha regresado a Sitges con una historia sobre un grupo de supervivientes en una zona rural que debe afrontar una amenaza de proporciones cósmicas. La película combina acción apocalíptica, terror y una puesta en escena de gran intensidad, con un reparto internacional en el que figuran Hwang Jung-min, Jung Ho-yeon, Michael Fassbender y Alicia Vikander.
La presencia de Hong-jin ha servido para recordar el impacto que produjo El extraño cuando se presentó en Sitges en 2016. Su cine se mueve en un territorio donde el thriller criminal, el horror sobrenatural y la violencia irrumpen sin que el espectador pueda establecer con facilidad una frontera entre lo racional y lo inexplicable. Hope prolonga esa inquietud a una escala mayor y lleva la amenaza hacia un escenario de supervivencia colectiva.
Durante su encuentro con el público, el director explicó que el guion original era mucho más extenso y que la película utiliza solo una parte del material escrito. También vinculó su aproximación al terror con las experiencias emocionales provocadas por la pandemia, una vivencia que le hizo experimentar sentimientos extremos y que ha terminado filtrándose en su visión del apocalipsis. Su reconocimiento con el Premio Màquina del Temps ha sido uno de los momentos relevantes de la edición.
La ciencia ficción ha encontrado otra vía de expresión en Rogue Trooper , dirigida y escrita por Duncan Jones a partir del cómic de Gerry Finley-Day y Dave Gibbons, publicado en la revista británica 2000 AD . La película, realizada mediante animación hiperrealista y herramientas de creación digital como Unreal Engine, sigue a un soldado de la Infantería Genética que cae tras las líneas enemigas durante una operación militar secreta. Los biochips que almacenan las identidades de sus compañeros fallecidos convierten la misión en algo más que una operación bélica: el protagonista carga literalmente con la memoria de los muertos.
Jones, que dejó una huella importante en Sitges con Moon en 2009, ha explicado el valor de la camaradería dentro de una historia que combina la épica espacial con el vínculo entre los miembros de un grupo. La participación de Sean Bean, Hayley Atwell y Aneurin Barnard, junto a la música de Bear McCreary, contribuye a perfilar una producción que apuesta por trasladar al lenguaje audiovisual la energía gráfica de la historieta. La inclusión de una canción de Baccara en una de sus secuencias apunta, además, a la voluntad de combinar la aventura militar con un sentido del humor inesperado.
El certamen ha acogido asimismo Company , el nuevo trabajo de Casey Affleck como director y coguionista. Presentada como un cuento gótico con una estructura narrativa de matrioshka, la película reúne a tres personajes heridos que se debaten entre la venganza y el perdón. Affleck la ha definido como un experimento personal que exige paciencia al espectador, una declaración que encaja con una propuesta interesada en los pliegues de la narración y en la ambigüedad emocional.
La presencia de Company en la maratón de clausura ha permitido prolongar el diálogo entre las nuevas formas del fantástico y el relato gótico tradicional. El género no necesita siempre criaturas o amenazas externas para construir una experiencia inquietante: a veces basta con personajes atrapados en sus propios conflictos, una estructura que retrasa las respuestas y un universo narrativo que obliga a revisar constantemente lo que se cree saber.
Los homenajes: una memoria viva del fantástico
Sitges también ha reservado un espacio destacado para reconocer a figuras que han contribuido a definir la historia del género. Robert Eggers ha recibido el Premio Màquina del Temps en reconocimiento a una filmografía breve, pero de personalidad inconfundible. Desde The Witch hasta El faro y El hombre del norte , el cineasta ha demostrado una especial capacidad para recuperar mitologías, supersticiones y arquetipos antiguos sin convertirlos en piezas de museo. Su puesta en escena, la atención al paisaje y la construcción de atmósferas opresivas han renovado el interés por un terror que se apoya tanto en lo visible como en aquello que permanece fuera de campo.
La proyección de The Witch , once años después de que inaugurara la edición de 2015, ha permitido revisar el punto de partida de una trayectoria que ha situado a Eggers entre los autores más reconocibles del fantástico contemporáneo. El cineasta también ha compartido un adelanto de Werwulf , su próximo proyecto, y ha conversado sobre el folk horror , la locura, la participación femenina en el cine de género y las referencias que nutrieron su revisión de Nosferatu .
El Gran Premio Honorífico ha recaído en Danny DeVito, una figura cuya carrera atraviesa la comedia, el drama, el cine familiar y el fantástico. El actor y director ha sido recibido con una ovación en el auditorio del Meliá y ha compartido recuerdos de sus primeros años de pasión por el cine. Su presencia ha tenido además un componente familiar: ha invitado al escenario a sus hijos Lucy y Jake para presentar Drag , la película que han producido juntos.
La trayectoria de DeVito demuestra la capacidad de un intérprete para transitar entre registros muy distintos sin perder personalidad. Para el público del fantástico, su filmografía incluye personajes y transformaciones que permanecen en la memoria, desde el Pingüino de Batman vuelve hasta su participación en Big Fish . Su reconocimiento en Sitges ha celebrado una carrera que forma parte de la cultura popular de varias generaciones y que mantiene un vínculo especial con el cine de imaginación desbordada.
Amy Irving ha recibido también el Gran Premio Honorífico, en una edición que ha recuperado dos de sus trabajos fundamentales con Brian De Palma: Carrie y La furia . La actriz ha recordado la humanidad que las intérpretes aportaron a la adaptación de Stephen King y ha reivindicado la capacidad de las grandes interpretaciones para ganar prestigio con el paso del tiempo. Su evocación de la primera película ha incidido en asuntos como la vergüenza y el acoso escolar, temas que continúan resonando décadas después de su estreno.
Irving ha compartido además una anécdota sobre el Festival de Avoriaz de 1977, donde Carrie obtuvo el Grand Prix y Steven Spielberg presidía el jurado. Su comentario sobre la relación sentimental que mantenía entonces con el cineasta ha aportado una nota personal a un homenaje que ha situado el trabajo interpretativo en el centro de la memoria cinematográfica.
El Premio WomanInFan ha distinguido a Adrienne Barbeau, actriz esencial del terror de los años ochenta y noventa gracias a títulos como La niebla , Creepshow y Los ojos del diablo . Vinculada a cineastas como John Carpenter y Dario Argento, Barbeau ha recibido el galardón emocionada, reivindicando la importancia de una trayectoria que ha contribuido a consolidar la presencia de mujeres con personalidad propia en el cine fantástico.
Otra figura fundamental del cine de género japonés, Meiko Kaji, ha recibido el reconocimiento WomanInFan. Convertida en icono del cine criminal y de la corriente pinky violence durante los años setenta, Kaji permanece asociada a la saga Female Prisoner y a Lady Snowblood . Su imagen y su voz alcanzaron una nueva generación de espectadores cuando Quentin Tarantino incorporó Shura No Hana , conocida en inglés como The Flower of Carnage , a la banda sonora de Kill Bill .
La actriz ha recordado que aceptó interpretar por primera vez a la protagonista de Female Prisoner #701: Scorpion con la condición de que el personaje no hablara, sin imaginar que la película acabaría dando lugar a una saga. También ha explicado cómo elegía su propio vestuario y de qué modo las convenciones tradicionales del kimono podían limitar el movimiento de las intérpretes. Sus recuerdos han permitido acercarse a una etapa decisiva del cine popular japonés desde la experiencia de una de sus protagonistas.
Takashi Shimizu, por su parte, ha recibido el Premio Màquina del Temps por su contribución al J-Horror. El director de Ju-on y de su adaptación estadounidense, The Grudge , ha regresado a un festival donde presentó la primera película hace 26 años. Su obra ha contribuido a consolidar una imagen del fantasma como manifestación de una rabia persistente, una presencia que no desaparece con la muerte y que convierte el espacio cotidiano en un lugar de amenaza.
La programación dedicada a Shimizu ha incluido The Mouths y Village of Eight Gravestones , mientras que la retrospectiva de cine japonés ha encontrado otro punto de interés en Lady Snowblood . La recuperación de estas obras ha recordado que el cine fantástico contemporáneo no puede entenderse sin la influencia de tradiciones nacionales que han desarrollado formas particulares de representar el miedo, la violencia y la venganza.
El festival ha reconocido igualmente a Mark L. Lester, director asociado al cine de culto por títulos como Firestarter , Commando y Class of 1999 . Su presencia como padrino del Sitges FanPitch y la concesión del Premio Màquina del Temps han extendido el homenaje más allá de las figuras que visitan las pantallas, reivindicando también a los cineastas que han contribuido a definir el cine de acción y fantástico de las últimas décadas.
En el terreno de la memoria audiovisual, la edición ha rendido homenaje a Manuel Pérez-San Julián, referente del fantastic art español, cuya obra estuvo vinculada a la ciencia ficción y la espada y brujería. Su fallecimiento ha sido recordado durante la clausura, subrayando la importancia de ilustradores y artistas gráficos en la construcción del imaginario del género. El cartel, la carátula, la ilustración y el diseño han sido históricamente una puerta de entrada al fantástico y merecen formar parte de su historia tanto como las películas.
Sitges Clàssics: restaurar también es volver a mirar
La recuperación de clásicos ha sido otro de los ejes de la edición. La restauración en 4K de The Devils , la controvertida obra de Ken Russell, ha permitido volver a una película que continúa provocando por su representación de la posesión colectiva de Loudun, la represión religiosa y la depravación del poder. Las interpretaciones de Vanessa Redgrave y Oliver Reed mantienen una intensidad que desborda cualquier lectura puramente histórica, y la película conserva su capacidad de incomodar al espectador contemporáneo.
Su recepción en Sitges ha confirmado que algunas obras no pierden fuerza con el paso del tiempo, sino que adquieren nuevas capas de significado. Las polémicas que rodearon su estreno y las prohibiciones que sufrió en distintos países forman parte de su historia, pero no agotan su interés: la puesta en escena de Russell continúa siendo una experiencia extrema, capaz de unir el espectáculo visual con una mirada corrosiva sobre las instituciones.
También ha regresado Tesis , de Alejandro Amenábar, treinta años después de su estreno. La película se ha proyectado en una versión restaurada y con una nueva remasterización de sonido, acompañada por el director y Eduardo Noriega. Su regreso permite medir la influencia de aquel thriller universitario en el cine español de los noventa y comprobar cómo su reflexión sobre la violencia audiovisual, el voyeurismo y la explotación del sufrimiento mantiene su pertinencia en una cultura saturada de imágenes.
Amenábar ha recibido el Méliès Career de este año, un reconocimiento que coincide con la recuperación de una de las obras decisivas de su trayectoria. La sesión no ha sido solo una celebración nostálgica, sino una oportunidad para revisar el lugar que ocupa Tesis en la evolución del thriller español y en la relación entre cine, medios de comunicación y consumo de imágenes violentas.
La edición ha recordado asimismo el legado de Narciso Ibáñez Serrador a través del documental El último recreo , codirigido por Ángel Sala y Jesús Loniego, y ha acogido Zé do Caixâo: Inferno em Sitges , de Diego de Walpurgis, dedicado a las visitas del mítico José Mojica Marins. Estas propuestas sitúan el festival dentro de una tradición de cinefilia que no se limita a programar películas, sino que intenta conservar la memoria de los autores, las obras y las experiencias que han dado forma a la cultura fantástica.
Las secciones paralelas: nuevas miradas y otros formatos
La riqueza de Sitges no depende únicamente de la competición principal. Noves Visions, Òrbita, Anima't, Brigadoon, Sitges Documenta y las distintas propuestas de público amplían la experiencia del festival y permiten descubrir trabajos que se mueven en los márgenes de las categorías convencionales.
En Noves Visions, Hen , de Nico Scheepers, se ha alzado con el premio a mejor película. La sección también ha distinguido la dirección de La muerte de Drácula , de Fernando Martínez y Juan González, conocidos como Burnin' Percebes, y Familia teme enfrentar una nueva noche de terror , de Cristian Ponce, ex aequo. En el apartado de cortometrajes, los premios han recaído en Serpientes en encaje , de Martina Pavlíková, y NOIZE , de Javier Rodríguez Pino.
La sección Òrbita ha premiado Gummy , de Javi Prada, mientras que Anima't ha reconocido Somos extraterrestres , de Kohei Kadowaki, como mejor largometraje de animación, y El vestido de carne , de Joachim Hérissé, como mejor cortometraje. La animación, por tanto, ha tenido un espacio propio dentro de una edición que ha demostrado la amplitud del fantástico más allá de la imagen real.
El Méliès de Oro a mejor película fantástica ha sido para Se siente como en casa , de Gábor Holtai, y el Méliès de Oro al mejor cortometraje ha recaído en La vieja y la eternidad , de Marc Martínez Jordán. El Méliès de Plata a mejor película ha distinguido a La espiral , de Paolo Strippoli, mientras que El moribundo , de Laura Guerricaechevarría, ha obtenido el premio al mejor cortometraje europeo de género fantástico.
En Brigadoon, el Premio Paul Naschy al mejor cortometraje ha sido para La última nieve , de Rodolphe Bouquet-Populus. La sección mantiene así su lugar como espacio de exploración para el cine de género menos convencional y para formatos que difícilmente encuentran el mismo espacio en los circuitos comerciales.
Sitges Documenta ha premiado "Dernsie": La vida increíble de Bruce Dern , de Mike Mendez, un reconocimiento que reafirma el interés del festival por la memoria cinematográfica y por las figuras que han construido la historia del género. El premio FIPRESCI José Luis Guarner ha sido para El incógnito , de Louis Paxton.
La participación del público ha aportado otro mapa de preferencias. Wildwood , de Travis Knight, ha ganado el gran premio del público a mejor película de la Sección Oficial Fantàstic. El Zorro , de Dario Russo, ha sido la favorita de Panorama; Kung Fu Letal , de Fergal Costello, ha ganado en Midnight X-Treme; No salgas , de Victoria Linares, ha recibido el premio de Ventana de Sangre; y Cuchillas de los Guardianes: El viento se levanta en el desierto , de Yuen Woo-ping, se ha llevado el reconocimiento de Focus Asia.
Estos resultados muestran que el palmarés no se limita a un único modelo de cine fantástico. Conviven la violencia física, el humor negro, la animación, la ciencia ficción, el cine de acción y las exploraciones más autorales. El público ha encontrado sus favoritas en títulos muy diferentes, una pluralidad que forma parte de la identidad del certamen.
El Sitges FanPitch y el futuro del cine de género
La dimensión industrial también ha tenido un papel relevante a través de la duodécima edición del Sitges FanPitch, plataforma internacional destinada a conectar proyectos de largometraje, series y documentales con empresas y profesionales del sector. La convocatoria ha incorporado documentales especializados en cine de género, ampliando la mirada hacia obras que trabajan con la memoria, la creatividad y la historia cultural.
Los proyectos premiados han sido The Pink Room , de Quarxx; Ecos , de Kryzz Gautier; Pinkooland , de Luis Usón; The Lambing , de Jillian Corsie; y Still Warm , de David R. Losada. En el apartado de series ha ganado Hogar, dulce hogar , de Frank Lucas, mientras que There's No Place Like Centron! , de Elle Schneider, ha recibido una mención especial.
Las sinopsis revelan un abanico de ideas que va desde el terror familiar y el pasado colonial hasta las criaturas letales, el folk horror y las pesadillas habitacionales. The Pink Room convierte un robo en una trampa ideada por una mujer solitaria que busca al hombre perfecto para reconstruir su familia; Ecos sigue a una pareja queer que restaura una máquina colonial y se enfrenta a los ecos de una historia de amor prohibido; Pinkooland transforma unas criaturas adorables en máquinas de matar; y The Lambing imagina una comunidad donde las ovejas intercambian cuerpos con los vecinos.
Still Warm parte de la aparición de una criatura de piel roja y cuernos cuyo cuerpo debe ser examinado por un equipo científico. Hogar, dulce hogar , por su parte, lleva los conflictos de la vivienda al terreno del absurdo mediante ocho viñetas sobre alquileres, convivencia y pérdida de identidad. La variedad de estos proyectos confirma que el género sigue siendo un espacio propicio para desarrollar conceptos de gran fuerza visual, pero también para abordar cuestiones sociales desde la imaginación.
Los acuerdos del FanPitch con mercados y festivales internacionales, así como las becas y oportunidades de desarrollo previstas para los proyectos ganadores, convierten la iniciativa en algo más que una competición. Es una herramienta para favorecer la circulación internacional de nuevas películas y para que ideas surgidas en diferentes contextos puedan encontrar socios, financiación y vías de producción.
La edición ha mantenido asimismo las actividades de la King Kong Area, con proyecciones de cortometrajes, sesiones de pódcast en directo, talleres y propuestas para distintas edades. El programa Sitges Family ha incorporado títulos como Mi amigo el Sol , de Alejandra Pérez González, que recupera la mitología mexicana desde una mirada contemporánea. Estas actividades amplían el festival más allá de las salas y facilitan que el fantástico encuentre nuevos públicos.
La sostenibilidad y la accesibilidad han seguido presentes a través de la iniciativa We Are Legend, los desplazamientos en transporte público, las actividades vinculadas al territorio y las medidas de prevención de las violencias machistas y la LGTBIfobia. El festival también ha contado con espacios y protocolos específicos para promover un entorno seguro. Son aspectos que forman parte de la organización de un acontecimiento cultural de gran escala y de su relación con la comunidad que lo acoge.
Un palmarés que apuesta por el riesgo
El premio principal a Sanguine define buena parte del tono de la edición: un cine fantástico dispuesto a llevar el cuerpo al límite y a utilizar el terror como instrumento de lectura social. El Premio Especial del Jurado para Drag , el reconocimiento a la dirección de Joko Anwar por Ghost in the Cell y los premios interpretativos a Jasmine Trinca y Benoît Magimel dibujan un palmarés que combina riesgo formal, comedia negra y actuaciones capaces de sostener historias perturbadoras.
Los galardones técnicos también han repartido el reconocimiento entre sensibilidades diversas. Buddy ha ganado el premio al mejor guion; Raphaël Vandenbussche, el de fotografía por Océano Titánico ; Mondo Boys, el de música por River ; y Hong Jeong-ho, el de efectos especiales, visuales o maquillaje por Colonia . El premio Citizen Kane al director revelación ha recaído en Adrian Chiarella por Levítico .
En el resto de las secciones, los reconocimientos han ampliado el mapa del fantástico contemporáneo, desde la animación hasta el cine documental, pasando por el corto y las propuestas más experimentales. El palmarés del público ha dado protagonismo a Wildwood , mientras que el de Focus Asia ha reconocido la épica de artes marciales de Cuchillas de los Guardianes: El viento se levanta en el desierto , dirigida por Yuen Woo-ping.
La clausura ha tenido como película destacada Wicker , de Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson. Ambientada en las afueras de un pueblo costero, sigue a una pescadora objeto de burlas constantes que encarga a un artesano un marido hecho de mimbre. La llegada de esta figura provoca indignación y celos entre sus vecinos, en una fábula que aborda el sexo, el matrimonio y las convenciones sociales mediante el absurdo. Con Olivia Colman, Peter Dinklage y Alexander Skarsgård en el reparto, la película ha ofrecido un cierre que mezcla sátira, fantasía y una mirada crítica sobre las normas de convivencia.
La programación final ha incluido también Freaks Part II , de Adam Stein y Zach Lipovsky, elegida como película sorpresa. La secuela recupera el universo de Freaks , presentada en Sitges en 2018, y sigue a una mujer y su hija mientras intentan ocultar su identidad en un mundo que quiere destruirlas. Las maratones de clausura han completado la despedida con One Spoon of Chocolate , de RZA, Penny Lane Is Dead , de Mia Kate Russell, y una sesión que ha reunido Company , Drag , Half , The Spiral y Buddy .
Balance final: el fantástico como espacio de resistencia y descubrimiento
La 59.ª edición de Sitges ha terminado con un aumento del 6 % en la asistencia, un dato que apunta a la continuidad del atractivo del certamen y a la capacidad del cine fantástico para reunir a públicos diversos. Pero el balance de un festival no puede reducirse a la cifra de espectadores ni al listado de invitados. Su verdadera medida está en la conversación que generan las películas, en las nuevas voces que encuentran visibilidad y en la posibilidad de revisar obras del pasado desde las preocupaciones del presente.
En 2026, el terror ha sido uno de los grandes protagonistas, aunque no siempre desde la búsqueda del sobresalto. Sanguine ha relacionado el horror corporal con la presión laboral; The End of It ha utilizado la ciencia ficción para preguntarse por la mortalidad y el privilegio; El exterior ha explorado la incomunicación desde una perspectiva contemplativa; y Hope ha llevado el apocalipsis a una escala de violencia desbordada. En paralelo, películas como Buddy y Drag han demostrado que el humor negro puede ser tan perturbador como la amenaza sobrenatural.
El cine español ha encontrado espacios para la experimentación y el relevo generacional, mientras que los homenajes a Robert Eggers, Danny DeVito, Amy Irving, Adrienne Barbeau, Meiko Kaji, Takashi Shimizu y Mark L. Lester han recordado la diversidad de trayectorias que conforman la historia del fantástico. La recuperación de The Devils y Tesis ha reforzado esa relación entre pasado y presente, y la programación de secciones paralelas ha ampliado el campo de visión más allá de la competición principal.
También ha sido importante la dimensión industrial y comunitaria del certamen. El FanPitch ha puesto en circulación proyectos que necesitan apoyos para llegar a la pantalla, las actividades paralelas han acercado el festival a otros públicos y las iniciativas de sostenibilidad y prevención han recordado que un gran acontecimiento cinematográfico forma parte de un territorio y de una comunidad.
Sitges mantiene su relevancia precisamente por esa mezcla de espectáculo, cinefilia, riesgo y memoria. No todas las películas de una edición pueden alcanzar la misma altura ni todas las propuestas están destinadas a dejar una huella duradera. Sin embargo, la variedad de registros y la voluntad de abrirse a nuevas formas de expresión siguen siendo parte de su razón de ser. En un panorama audiovisual dominado cada vez más por fórmulas reconocibles y productos diseñados para un consumo inmediato, el festival continúa defendiendo la posibilidad de sorprender, incomodar, descubrir y discutir.
La edición de 2026 deja, en definitiva, la imagen de un fantástico que no se conforma con escapar de la realidad. A veces la deforma, otras la convierte en pesadilla y, en sus mejores momentos, utiliza sus monstruos para revelar aquello que la vida cotidiana intenta ocultar. Esa capacidad para unir imaginación y mirada crítica es lo que mantiene a Sitges como uno de los grandes espacios de encuentro del cine de género.

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